SOBRE EL OPTIMISMO
Comprehensión doctrinal del optimismo
Preliminar
La Comprehensión doctrinal en la que se basa la visión tradicional y optimista del mundo y del hombre, reposa en la comprehensión doctrinal de varios puntos.
Estos diferentes puntos pueden utilizarse para formar el esquema de una reflexión personal para profundizarlos y para “rumiarlos mentalmente” con el fin de impregnar la substancia del alma.
1er. Punto.
La creación es buena.
En los Veda, la creación es llamada “bien hecha”; en la Biblia, habiendo creado el mundo, Dios vio que “eso era bueno”. Las Escrituras afirman, por tanto, que la creación del mundo es admirable. A cuas de la perfección del Creador, no podría ser de otra forma. Las doctrinas y las personas que ven el mundo como un lugar de tinieblas, tienen algo que no funciona bien en su intelecto. Deben por medio de una acto de fe y de confianza en la bondad del Creador arreglar esa disfunción.
Como decía Leibniz: “Todo está bien en el mejor de los mundos posibles”.
2o Punto.
No hay Principio del mal.
No hay Principio del mal, y mucho menos un Dios del mal. No hay mas que uno solo y único Dios. Cuando se habla “del Diablo” o “de Satán”, no se habla más que una criatura que se ha rebelado contra Dios.
Dios no ha creado el mal, solo ha engendrado la posibilidad del mal, dando el libre albedrío a los espíritus que ha creado. Libre albedrío indispensable para no hacer de ellos marionetas dirigidas por Su Todo Poder, sino verdaderos seres.
El mal no participa de la Naturaleza de Dios y, por tanto, no tiene más que una existencia temporal y desaparecerá a medida que las criaturas evolucionen. El mismo Satán acabará por arrepentirse y volver a Dios. Tal y como enseña Orígenes en su doctrina de la Apocatástasis, es decir de la restauración final de todo.
3er Punto.
El mal es débil.
Sólo Dios es todo poderoso. El mal sólo existe por el permiso de Dios. En consecuencia el mal, aunque oponiéndose a Dios, sirve involuntariamente al designio de Dios.
Dios utiliza la expresión del mal en las criaturas para ponerles obstáculos que franquear, para así se fortalezcan y evolucionen espiritualmente.
4o Punto.
Dios es el Dueño de la historia.
Estamos al final de un ciclo histórico llamado Kali-Yuga o Edad de Hierro en las enseñanzas de la antigua Grecia. Es verdad que esta Edad es negativa espiritualmente, negatividad que se caracteriza sobre todo por una amplia difusión del ateísmo.
Igualmente es cierto que se dirige hacia el Apocalipsis. Pero eso es querido por Dios y ha sido anunciado por El en las Escrituras. Por tanto, no hay nada deplorable en eso. Al final de un ciclo histórico, un conjunto de energías negativas, que se han acumulado, deben expresarse, consumirse, para que la humanidad sea liberada de ellas y una nueva Edad de Oro de lo espiritual, una nueva Edad de la Verdad (Satya-Yuga) pueda ver el día. Por tanto, todo lo que sucede de negativo en el mundo forma parte del “Plan divino”.
Por otra parte, en compensación con la degeneración espiritual global de nuestra época, tal y como lo enseñan los Purana, el acceso al Conocimiento es más fácil para el “pequeño rebaño” de gnósticos. Por tanto, es importante no lamentarse de las
características del “tiempo actual”.
Por otro lado, cuanto más nos acercamos al final del presente ciclo histórico, más se desarrollan los gérmenes espirituales de lo que debe surgir en la futura Edad de Oro que seguirá. Participar en la construcción del Arca de Noé intelectual, que sembrará la Edad por venir, esa es la exaltante tarea de aquellos que saben.
5o Punto.
La Providencia divina maneja nuestra vida.
Directamente por medio de la acción de la Gracia en nosotros e indirectamente por las leyes divinas que rigen el cosmos, Dios dirige nuestra vida.
Sabiendo esto, comprendemos que todas las cosas buenas de la existencia, así como todos los sufrimientos que padecemos, constituyen para nosotros ocasiones de evolución espiritual.
Desde ahora, debemos, por una parte, dedicarnos a glorificar a Dios en las bendiciones y los gozos de la existencia; y por otra parte, sacar partido de las pruebas que atraviesen nuestro destino con el fin de afinar nuestro desapego.
Al someternos a la voluntad divina que rige nuestro destino, sabemos que no existe, en el seno de nuestras experiencias, nada deplorable y que todo ocurre para nuestro “Bien más grande”, es decir para nuestra Realización espiritual.
6o Punto.
La predestinación es ineluctable.
Estamos ineluctablemente predestinados a realizarnos espiritualmente. Es para esta realización que Dios nos ha creado. O según una perspectiva más justa: que El se ha manifestado como nosotros mismos.
Sean los que sean los errores que cada espíritu transmigrante pueda cometer, acabará por volverse una Teofanía del Dios único.
Esa es la finalidad de nuestro destino querida por Dios y que ningún poder mundano nos podría quitar.
Sabiendo eso, recordando eso, nos llenamos de una confianza y de un gozo inalterable
7o Punto.
La predestinación ya está realizada.
El cumplimiento de la predestinación espiritual de nuestro espíritu transmigrante se desarrolla en el seno de la ilusión del tiempo.
Fuera del tiempo. En la eternidad de Dios, esta finalidad ya está realizada.
8o Punto.
Nosotros ya somos el Sí
Nosotros ya somos el Sí, no podemos “llegar a ser el Sí” o “realizar el Sí”. Nuestra verdadera Naturaleza, más alá de las apariencias humanas es ya la Consciencia del Sí que percibe el instante presente.
Simplemente hay que disipar una ilusión, un error de apreciación intelectual, una idea falsa: la idea de no ser el Sí.

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