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Atmâ, el Sí transcendente -Parte1


El Sí transcendente
Atmâ se traduce generalmente por el Sí.
En la aceptación más elevada de esta palabra, Atmâ, el Sí es la Identidad verdadera de cada ser.
Es nuestra Esencia divina más allá de las apariencias humanas. Nuestra realidad “transpersonal” y transcendente. Nuestra Esencia ontológica.

Origen de la palabra Atmâ
Como decía Max Muller: las palabras “Brahman” y “Atmâ” son muy antiguas y pertenecen a una hornada prehistórica del sánscrito. Sea cual sea su origen, el sentido etimológico de la palabra Atmâ: “soplo” o todo, ya se había vuelto en el Veda un simple
pronombre que significaba “sí mismo”, exactamente como la palabra latina “ipse”.
Así esta palabra fue empleada para designar la ipseidad del hombre, su identidad propia, su esencia. Su presencia subjetiva en tanto que sujeto inmutable que aprehende lo percibido.
Los Upanishad se consagran en demostrar que esta Identidad, esta Esencia, que es la nuestra, es igualmente la del Absoluto.

La noción psicológica del sí
Con la noción del “sí”, una persona se designa a ella misma, es el “sí mismo” y ella lo hace en función de lo que conoce de ella misma.
Subrayamos un punto fundamental:
Si modificamos los conocimientos o la apreciación que tenemos de nosotros mismos, voluntaria o involuntariamente, modificamos la representación de nosotros mismos, modificamos nuestra “imagen uno mismo”.
Así pues, y esto lo vemos en el terreno de la psicología, la representación uno engendra vivencias particulares. Así, la estima de sí mismo o el menosprecio de uno mismo tienen consecuencias que colorean la vivencia cotidiana de la persona.
Lo que es verdad en el limitado terreno de la psicología es igual, con una importancia infinitamente más amplia en el de la metafísica.

Atmâ, el Sí transcendente
Los dos “sí”
Diversos pasajes en el Veda nos enseñan la existencia de dos sí. Por una parte está el Sí transcendente y por otra el sí personal.
- El Sí transcendente es:
El Principio divino, eterna y universal, que es el substrato de todos los seres.
Nuestra Identidad transcendente que es igualmente la Identidad universal de todos los seres.
Nuestra Identidad verdadera más allá de las apariencias humanas.
Nuestra Esencia ontológica.
- El sí personal es:
Nuestra identidad como criatura.
Nuestra identidad ilusoria.
Nuestra entidad transmigrante.
Nuestra realidad substancial.

La ambigüedad reveladora de la palabra sí
Se puede traducir el Atmâ por el “Yo” con la condición de distinguir el gran Yo (Atmâ) del pequeño yo (atmâ).
Pero esta traducción no es recomendable pues “el yo”, “el ego” en la literatura espiritual se refiere a otra cosa y designa ahamkâra, el sentimiento personal de existencia. Se puede decir que el pequeño yo es una producción de ahamkâra, que es un Principio universal que se manifiesta como proceso que engendra una multiplicidad de pensamientos de identificación y de apropiación recurrentes. Proceso que fabrica el sentimiento y la creencia de una individualidad, de un ego. Simplificándolo, se puede decir que ahamkâra es el pequeño yo.
Al no existir las mayúsculas en sánscrito, es el contexto de la frase el que indica si se habla del sí personal (atmâ) o bien del Sí transcendente (Atmâ).
Es evidente que eso puede acarrear confusiones en el lector no avisado. Para evitar estas confusiones, se utilizan diversas designaciones para indicar el sí personal.
Siendo “jivâtman” la denominación más corriente.
No carece de interés que la misma palabra, según el contexto, pueda designar nuestra Realidad transpersonal y transcendente (Atmâ) o bien nuestra identidad aparente y personal (atmâ). Ya que cada uno no puede tener más que una identidad, un solo sentimiento de existencia a la vez. Ya esté este sentimiento manchado por la ignorancia metafísica (avidya), en este caso corresponderá a nuestra identidad aparente y personal (atmâ), que es en realidad ilusoria, o bien estará en conformidad con el Conocimiento metafísico (Vidya), en este caso corresponderá a nuestra Realidad transpersonal y
transcendente (Atmâ).
La “realización del Sí", en definitiva, constituye una transfiguración de nuestro sentimiento de existencia. No se trata de cambiar de sí. Es nuestro pequeño sí, nuestra pequeña identidad personal la que se transmuta para volverse la Identidad inconmensurable del Sí transcendente. Siendo la transformación del pequeño sí en gran
Sí, en los textos tradicionales, comparada a la transformación de una larva en avispa.

Las otras Darshana
En los otros “Puntos de vista” (Darshana) que constituyen la ortodoxia del hinduismo, cuando se habla del “sí”, siempre se trata del sí personal y transmigrante (atmâ).
La perspectiva de la transcendencia del Sí (Atmâ), así como el hecho de que Este sea de la naturaleza del Absoluto (Brahman) son, entre los seis “puntos de vista” (Darshana), propios del Advaita Vedanta. Sin embargo, ellos no son exclusivos del Advaita Vedanta, pues fuera de las Darshana diversas escuelas espirituales del hinduismo las comparten.
Siendo esta afirmación de una identidad común entre el Sí y el Absoluto una enseñanza fundamental de la Revelación (Shruti) contenida en los Upanishad.

La distinción entre sujeto y objeto
Nuestro Sí, nuestra Identidad verdadera, no podría ser lo que percibimos, ya que, por evidencia, lo que somos es el Sujeto que percibe y no los objetos de percepción. Por tanto, todo lo que compone al hombre al nivel del cuerpo, de los sentimientos, de los
pensamientos y de los conocimientos, constituyen para nuestro Sí, para nuestra Presencia interior que percibe, simples objetos de percepción.
Es, pues, a causa de una falta de reflexión, de una carencia de discriminación (viveka), por una falta de lucidez y de análisis por lo que nos identificamos con los objetos de percepción y, al hacerlo, nos imaginamos ser un cuerpo físico o un espíritu pensante. Cuando somos el Sujeto consciente aprehendiendo el cuerpo y el espíritu del
hombre que, para nosotros, sólo son objetos de percepción.
Así a la afirmación de René Descartes: “pienso, luego existo”, un partidario del Advaita Vedanta puede replicar:
“Eso no es así. Siendo la buena formulación: “percibo, luego existo”, ya que el pensamiento forma parte de lo que es percibido”.

Atmâ y Sat Chit Ananda
El Sí (Atmâ), es decir la Identidad verdadera de la persona no es otra que el Absoluto (Brahman) mismo.
El Absoluto (Brahman) es Sat Chit Ananda, Ser-Consciencia-Beatitud.
Nuestro Sí transcendente, ya que es de la misma naturaleza que el Absoluto (Brahman) es igualmente Ser-Consciencia-Beatitud (Sat-Chit-Ananda).
- Sat.
El Sí es el puro hecho de Ser (Sat), el substratum ontológico independiente de la multiplicidad de formas de existencia.
El Absoluto es el Ser único, universal y transcendente. Todos los seres particulares deben su existencia a este Ser. Ellos no tienen existencia más que por su participación en este Ser, que se sitúa más allá de todas las categorías de existencia, pero que es el substrato común. Cuando definimos lo que somos como siendo esto o aquello,
nos situamos a nivel de un ser vivo particular (jîva). Pero si, en un proceso de reducción ontológica, hacemos abstracción de todas nuestras características personales retirándolas una a una, al final solo queda el puro y universal hecho de Ser.
Así, nuestro Ser verdadero, nuestro Sí, es el Ser del Absoluto.
- Chit.
El Sí es pura Consciencia (Chit) vacía de todo contenido y Testigo (Sâkshi) de todas las percepciones sensoriales o mentales (manas).
El Absoluto es Consciencia (Chit) universal y transcendente, en sí misma vacía de contenido. Esta Consciencia es Omnipenetrante, lo que significa que ella mora en todas las formas de vida. En consecuencia, nuestra Consciencia profunda, que a causa
de su universalidad, idénticamente presente en todos los seres, es sin contenidos.
Por tanto, nuestra Consciencia profunda está más allá de las características personales de la consciencia mental y de sus contenidos. Todo lo que distingue a una persona de otra son los contenidos de la consciencia personal.
Esta Consciencia universal, aunque sin contenidos, constituye lo que, para nosotros, es lo más íntimo, lo más esencial.
Así, la presencia inmanente de la Consciencia del Absoluto es, al mismo tiempo, “nuestra” Consciencia.
- Ananda.
El Síes, igualmente, pura beatitud (Ananda), no dependiendo de nada y sacando su felicidad de su propia existencia.
El Conocimiento, la vivencia de la infinitud de nuestro Ser universal y transcendente, así como de nuestra Consciencia universal y transcendente, engendra la Beatitud (Ananda).
El Absoluto vive en una Beatitud eterna y si hacemos la experiencia de nuestra verdadera Identidad transcendente, de nuestro Sí, conocemos, igualmente, la Beatitud.
La Beatitud es el “signo” de la realización del Sí.


... Proximamente ATMÁ Parte II ...

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