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lunes, 13 de junio de 2016

Aproximación al proceso de Iniciación






El proceso de iniciación se resume en la adquisición de un dominio de la atención.

Donde hay atención se encuentra la consciencia; y lo que se convierte en consciente se transforma para nosotros en existente; pues de lo que no somos conscientes, no existe para nosotros en realidad.

Nuestra naturaleza profunda es consciencia, por lo tanto donde se encuentra nuestra consciencia, se encuentra nuestra naturaleza profunda. Enseguida comprendemos por qué la iniciación es una disciplina de la atención.

Dominando mi atención coloco a mi consciencia donde quiero y de esta forma adquiero el conocimiento de todo hacia lo que he dirigido mi atención.

Aquel que comienza a interesarse por las cosas de la espiritualidad y de la iniciación, oye hablar de toda clase de nociones que para él son abstractas. Oye hablar de Dios, del alma, del más allá, de la inmortalidad, etc...

Ser iniciado quiere decir ser introducido, introducido en la realidad viva de todas estas cosas que son abstractas para un neófito.

Y, ¿cómo esas cosas abstractas, altamente hipotéticas para el materialista, pueden convertirse para nosotros en una realidad experimentada?

Por el dominio de la atención.

¿Cómo puedo conocer a Dios en su inefabilidad?

Dirigiendo la atención hacia él.

¿Cómo puedo saber lo que es el alma?

Dirigiendo la atención hacia lo que soy más allá del ser humano.

¿Cómo puedo experimentar que existe un más allá de todo lo que percibo?

Dirigiendo la atención sobre lo que se encuentra detrás de lo percibido.

¿Cómo puedo saber que soy inmortal?

Dirigiendo la atención sobre lo que en mí no está unido al tiempo, y que es independiente del nacimiento o de la muerte.

¿Cómo puedo obtener la paz?

Dirigiendo la atención sobre la inmutable paz que perdura en mis profundidades.

¿Cómo puedo comprender a otro?

Dirigiendo mi atención hacia él y a la unidad que a él me une.

¿Cómo mi comprensión de otro puede convertirse en amor?

Prestando atención al lenguaje del corazón.

Inútil prolongar esta lista. Toda adquisición interior se resume a una disciplina de la atención.

Gracias al dominio de la atención, lo invisible puede devenir para mí en objeto de conocimiento.

Por el dominio de la atención, yo puedo aislarme del mundo y hacer de éste una realidad insignificante. Pero de la misma forma, dominando la atención puedo comprender y amar el mundo, conociendo al mismo tiempo todo lo que está más allá del mundo, del ser humano y del tiempo.

Así, ser un iniciado es simplemente aprender a dirigir y dominar la atención.

Quien comprende esto capta lo esencial. Quien capta lo esencial puede eliminar lo accesorio. Eliminando lo accesorio, clarifica el fárrago de interpretaciones y deformaciones sobre la iniciación. Se aleja de todas las prácticas inútiles, evita las trampas que de una forma inconsciente han colocado los que no han comprendido lo esencial, y lo que debemos hacer, nos aparece claramente.

Para que lo espiritual sea objeto de experiencia, una atención vaga o distraída no basta. Es necesario que la atención sea constantemente dominada, entrenada, es decir, libre de toda distracción, y correctamente dirigida.

Es este dominio y esta intensidad de la atención, lo que distingue al iniciado del profano.

Ser dueño de su atención, es abrir la puerta de los reinos superiores.

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